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Después de mantener cercado por más de 24 horas al sacerdote nicaragüense Rolando Álvarez —crítico de la administración del presidente Daniel Ortega— la Policía Nacional lo acusó este viernes de “organizar grupos violentos” y de “incitarlos a cometer actos de odio”, por lo que anunció que se ha iniciado un proceso de investigación contra él y sus acompañantes.

Álvarez se encuentra desde hace dos días sin poder salir de la casa cural, en Matagalpa, y no ha podido oficiar misas en la Catedral de la Diócesis que dirige, luego de que grupos policiales se apostaran en las afueras del lugar impidiéndoles la libre circulación.

El jueves por la mañana el prelado salió a confrontar a los policías cargando la imagen del Santísimo, pero un día después la vicepresidente Rosario Murillo lo acusó, sin referirse directamente a él, de manipular símbolos religiosos y lo amenazó diciéndole que “no tenía impunidad alguna”.

Posteriormente la policía acusó a Álvarez y otros religiosos por estar “prevaleciendo de su condición de líderes religiosos” para “organizar grupos violentos, incitándolos a ejecutar actos de odio en contra de la población, provocando un ambiente de zozobra y desorden, alterando la paz… con el propósito de desestabilizar al Estado de Nicaragua”.

De momento ni la Conferencia Episcopal de Nicaragua ni el Vaticano se han pronunciado al respecto. La Diócesis de Managua emitió la noche del viernes un comunicado donde expresó “su cercanía” hacia Álvarez y sus sacerdotes “ante las circunstancias difíciles que están viviendo”.

La acusación se da en medio de detenciones de dos sacerdotes críticos a Ortega y el exilio de importantes figuras eclesiásticas como monseñor Silvio Báez y el sacerdote Edwin Román.

Ortega ha clausurado recientemente una serie de radios y canales de la Iglesia Católica.

Ortega ha emprendido una contienda contra la Iglesia y sus sacerdotes desde 2018, tras las manifestaciones donde murieron más de 300 personas.

Los manifestantes utilizaron los templos para salvaguardar sus vidas, por lo que el mandatario tildó a los religiosos de “demonios con sotanas”, pese a que les pidió perdón durante su campaña presidencial de 2006 por los “agravios cometidos” contra la Iglesia en los años 80.

El padre Edwin Román asediado por la Policía Nacional 14 de noviembre de 2019. Foto AP/Alfredo Zúñiga

Sacerdote nicaragüense: “Ya no existe libertad religiosa”

Según religiosos consultados por la Voz de América, con esta medida en contra de la Iglesia Ortega cree que está “quemando su último cartucho”.

El sacerdote nicaragüense exiliado en Miami Edwin Román señaló a la VOA que los ataques contra la Iglesia muestran que en Nicaragua “no existe libertad religiosa, libertad de expresión o de movilización”.

“Se vive reprimido. Ni siquiera los allegados a la dictadura pueden llegar al aeropuerto y tomar un avión fácilmente”, dijo el sacerdote vía telefónica.

Los sacerdotes y y algunos obispos en Nicaragua “han sido señalados por la dictadura por ser consecuentes con el Evangelio y alzar su voz en la defensa de los derechos humanos”, señaló.

“Los profetas siempre van a incomodar, porque a los perseguidores les acusa su conciencia”, afirmó Román.

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