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Los humedales se cuentan entre los ecosistemas más productivos del planeta. Como hábitat de numerosas especies de fauna y flora, son reservorios de importantes recursos naturales. De estos recursos o bienes naturales dependen los medios de vida de muchas personas que habitan esas regiones. Además brindan importantes beneficios económicos, culturales y sociales.

El Delta del Paraná, en Argentina, es un laberinto de canales y pequeñas islas entre el Río de la Plata y el Paraná. Es un tesoro natural a pocos kilómetros de la capital, declarado Reserva de la Biosfera en el año 2000. La creación de este tipo de reservas supone un incremento en la sensibilización de las poblaciones locales y de los turistas respecto a la conservación de los bienes naturales y culturales, a la vez que minimiza el impacto negativo sobre el medio natural y sociocultural.

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En 2006 un ambicioso proyecto inmobiliario, Colony Park, amenazó con pavimentar de hormigón unas 300 hectáreas de humedal de la primera sección de las islas del Delta. Los promotores querían construir casas, avenidas y hasta canchas de tenis. Incluso se contemplaba la idea de acceder a la isla en auto. Pero un grupo de habitantes se unió en la Cooperativa Isla Esperanza y logró frenar este proyecto que hubiera causado profundos daños ambientales en lo que se considera el pulmón de Buenos Aires. Los 35 miembros de la cooperativa han encontrado ahora en la agricultura, la apicultura y la cría de aves una forma de economía sustentable.

También los juncos y producción de cestos, de acuerdo al saber tradicional, se han convertido en una forma vida y en el sustento de estas personas para no tener que emigrar. Isla Esperanza es sólo un ejemplo de los números proyectos de economía sostenible y familiar que están proliferando en uno de los humedales más grandes del mundo. Bonanza Deltaventura, en el río Carapachay, es otro de ellos: un hotel instalado en una casona de 1898, con playa privada, donde se ofrecen paseos en canoas y 60 hectáreas de humedal para recorrer a pie, en bicicleta o a caballo.

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También las Dulceras del Río ha logrado revalorizar el cultivo de frutas del Delta produciendo mermeladas y dulces con frutas típicas de la zona. Hasta mediados del siglo XX su cultivo era habitual pero otras actividades económicas lo fueron desplazando. Ahora con la recuperación de esta actividad un grupo de mujeres, al igual que otros isleños con sus proyectos, ha conseguido que triunfe el desarrollo de la comunidad.

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