Las vacunas terapéuticas son un tipo de inmunoterapia o tratamiento de defensa diseñado para tratar enfermedades ya existentes, especialmente el cáncer. A diferencia de las vacunas tradicionales (como las de influenza, sarampión o COVID-19), que previenen infecciones, estas vacunas enseñan al sistema inmunológico a reconocer células tumorales, activan linfocitos T como respuesta de defensa específica para destruir células cancerígenas y pueden personalizarse según el tumor del paciente.

En el cáncer, muchas de estas vacunas identifican neoantígenos (mutaciones específicas del tumor) para generar una respuesta altamente dirigida.

La característica de las vacunas preventivas es evitar la enfermedad y se usan antes de enfermar, generan inmunidad o defensa específica y son para todas las personas. Ejemplos serían las vacunas para prevenir las enfermedades producidas por los virus del papiloma humano y la hepatitis B.

En cambio, el objetivo de las vacunas terapéuticas es tratar la enfermedad existente, por ejemplo, el melanoma (cáncer de piel) o el cáncer de páncreas. Se usan tras el diagnóstico y constituyen un ataque específico contra el tumor. Es personalizada, eso explica su alto costo. En el cáncer, la mayoría de las vacunas actuales son terapéuticas, no preventivas.

Las vacunas terapéuticas actúan en tres pasos, identificación del tumor, para ellos se analizan mutaciones o cambios y proteínas específicas; estimulación inmunológica o de defensa, introduciendo antígenos o instrucciones mRNA/DNA. Ataque dirigido: el sistema inmune destruye las células tumorales. Algunas incluso convierten tumores “fríos” (no detectados por el sistema inmune) en “calientes”, lo que aumenta la eficacia de otros tratamientos, como la inmunoterapia.

Las vacunas terapéuticas (de última generación) más prometedoras son las vacunas de mRNA contra el melanoma, que reducen la recaída o la muerte hasta 44–49%; las vacunas de ADN, aún en desarrollo clínico; las vacunas “off-the-shelf” (listas para uso) no personalizadas; y las vacunas personalizadas (neoantígenos), diseñadas específicamente para el tumor del paciente, de alta precisión y menor toxicidad.

En general, las vacunas terapéuticas son bien toleradas, presentan menos efectos adversos que la quimioterapia y han demostrado ser seguras en fases tempranas. La fatiga, la fiebre leve y el dolor en el sitio de la inyección son efectos secundarios comunes.

Los riesgos y limitaciones son que no todos los pacientes responden, lo que conlleva una alta complejidad tecnológica y una posible resistencia tumoral.

Las proyecciones actuales indican que en 2026–2027 se darán las primeras aprobaciones de vacunas de mRNA y que en 2030 habrá una expansión de las vacunas de ADN y un mayor acceso global, con disponibilidad en EE.UU., Europa y en centros oncológicos especializados.

Las vacunas terapéuticas representan uno de los avances más prometedores en la oncología, la ciencia que estudia el cáncer, y cambian el paradigma de destruir el cáncer por el de enseñar al cuerpo a combatirlo.  Son más específicas y potencialmente menos tóxicas.  Aún están en desarrollo, pero con resultados clínicos sólidos.

En la próxima década, podrían convertirse en tratamientos estándar para múltiples tipos de cáncer, en estrategias combinadas con inmunoterapia y en herramientas clave de medicina personalizada.

✅️Escrito por Leonel Argüello Yrigoyen, médico epidemiólogo

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