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Ha sido la reina que más tiempo ha ocupado el trono en la historia británica. Su larga vida ha estado dedicada al servicio. Así era cómo la propia Isabel IIconcebía la corona. En 1947, siendo princesa, se dirigió a sus futuros súbditos de la Commowealth con motivo de su vigésimo primer cumpleaños con las siguientes palabras: “Les prometo que, durante toda mi vida, sea larga o corta, les serviré a todos ustedes y a la gran familia imperial a la que todos pertenecemos”. Isabel II grabó este corto discurso para la radio durante una estancia en Ciudad del Cabo. La monarca se servía de los medios y de las formas de comunicación modernas. Su coronación fue la primera en ser transmitida por televisión. Todo un acontecimiento mundial hace 70 años.

“Nunca antes una promesa de ese calibre ha sido cumplida de manera más rigurosa. En tiempos en los que las costumbres y la política se transforman permanentemente, Su Majestad permane inquebrantable, una roca para nuestra nación y, en ocasiones, también para todo el mundo”, alabó el entonces primer ministro británico David Cameron en 2013, con motivo del sexagésimo aniversario de la coronación.

La “reina de Reino Unido e Irlanda del Norte, sus otros dominios y territorios, cabeza de la Commonwealth y defensora de la fe” (según su título) era muy popular en muchos lugares del mundo, especialmente en Alemania. “La fascinación proviene de la espectacularidad de su día a día”, dice a DW la experta en nobleza Monika Wienfort. “En realidad, los nobles hacen cosas cotidianas. Se casan, tienen hijos y mueren. Pero lo hacen de una manera representativa. ¿Cuándo si no vemos carruajes?”

La gran crisis tras la muerte de Diana

El príncipe Carlos, el hijo mayor de la Reina, dijo en una ocasión que su familia, los Windsor, era como una telenovela. La Reina ha resistido todos los dramas, separaciones y escándalos. Su imagen solo se tambaleó en 1997, cuando a los británicos les pareció demasiado fría su forma de enfrentar el duelo público por su exnuera, la princesa Diana. Tras el accidente mortal en el túnel de París, la monarca tardó en reaccionar y solo tras las críticas habló ante las cámaras desde Buckingham Palace: “Todos hemos tratado a nuestra manera de enfrentar la situación. No es fácil expresar la sensación de pérdida, porque, a la conmoción inicial, le siguió una mezcla de emociones: incredulidad, enfado y preocupación por aquellos que se quedan”. Isabel II habló como Reina y abuela, ataviada de riguroso negro y un collar de perlas. Se produjo la reconciliación con su pueblo.

Innumerables compromisos cumplidos

La Reina ha asistido a miles de actos y cientos de viajes al extranjero, siempre ha sonreído y nunca se ha pronunciado políticamente. Pero siempre sabía lo que pasaba, tal y como aseguró la antigua primera ministra británica Margaret Thatcher: “Tiene excelentes conocimientos de la situación actual y su experiencia es sobresaliente. Sus recomendaciones y consejos son siempre muy precisos. Como primera ministra, me he beneficiado de ello”.

Isabel II conoció a 15 jefes de Gobierno durante su reinado, desde Winston Churchill hasta Boris Johnson, y alcanzó a dar la bienvenida a Liz Truss. Todas las semanas recibía a los primeros ministros para mantener conversaciones confidenciales. Pero no solo a ellos, también recibía a jueces, sindicalistas, empresarios y gente de la calle. “Las audiencias significan para mí recibir a gente sin que nadie más pueda oír lo que hablamos. Eso me da una idea amplia de qué es lo que sucede en el Gobierno o en los puestos oficiales. Muchas veces son encuentros muy normales, pero puedo reunirme con quien desee hacerlo”, dijo Isabel II a la BBC.

Los caballos, su gran pasión

“No tuve tiempo para aprender, mi padre murió demasiado pronto. Tuve que asumir la corona repentinamente y hacer el mejor trabajo posible”. Isabel II se tomaba muy en serio su trabajo como reina. Su lema era la disciplina. Su pasión, la vida en el campo. Los caballos. Sus perros. Más de 30 corgis acompañaban a la monarca, pero, a partir de 2012, dejó de adquirir perros. No quería que ninguno de ellos la sobreviviera. “Siempre que se trate de caballos, sonríe y está feliz. Con ellos se relaja. Es capaz de reconocer un caballo herido a 30 metros de distancia”, decía de ella el antiguo portavoz de prensa Dickie Arbiter.

Impresionaba la pequeña mujer de cabellos blancos. El también carismático expresidente de EE. UU. Barack Obama, se refirió así a ella tras su última visita al castillo de Windsor: “La Reina ha sido siempre una fuente de inspiración para mí y para muchas personas de todo el mundo. Es una persona increíble y una auténtica joya, no solo para el Reino Unido, sino para todo el mundo”.

Reveses del destino en sus últimos meses de vida

En los últimos tiempos, el destino golpeó a la Reina: su nieto, el príncipe Enrique, abandonó, junto a su esposa Meghan y con mucho ruido mediático, el circo de los Windsor para vender una imagen de hijos incomprendidos de la monarquía. Meghan, hija de madre negra y padre blanco, acusó de racismo a los Windsor en una entrevista emitida en marzo de 2021 por televisión, que tuvo gran repercusión. Aún más grave es el caso del príncipe Andrés. El segundo hijo varón de la reina fue acusado ante un tribunal de Nueva York en el marco del escándalo de abusos sexuales a menores del millonario Jeffrey Epstein. Pero lo peor de todo fue la muerte en abril de 2021, casi a los 100 años, del príncipe Felipe, duque de Edimburgo, con el que Isabel II estuvo casada más de 73 años. “Él era sencillamente, mi apoyo y mi fortaleza durante todos estos  años”, dijo la Reina sobre él en una ocasión

“Majestad y mami”

Pero poco después de su entierro, la monarca retomó sus deberes como soberana. Últimamente con un bastón, pero sin que se le notara. Cuando los médicos le recomendaron cancelar un viaje a Irlanda del Norte para cuidarse durante unos días, la monarca lo aceptó, pero según el palacio de Buckingham, lo hizo “de mala gana”.

Su hijo mayor, el príncipe Carlos (nacido en 1948), ha esperado mucho tiempo para ser su sucesor. Él no le guardaba rencor por ello. Durante el sexagésimo aniversario de la coronación la llamó casi con ternura “Majestad y mami”. Carlos trató de hablar distendido, algo que no iba con su madre. “Su Majestad, me han dicho que millones de personas sueñan con tomar el té con usted”. La Reina permaneció impávida, aunque el público se rio con la gracia. Solo pareció estar contenta cuando Charles gritó tres vivas a la monarca y el pueblo cantó su himno: “God save the Queen.”

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