La reciente reunión del Consejo Permanente de la OEA sobre Venezuela, el 6 de enero, sirvió una vez más como un espejo cegador de la hipocresía que carcome a la política interamericana. Mientras se debatían resoluciones que nunca cuajaron y se intercambiaban discursos de condena o conciliación, la cruda realidad se mantiene casi inalterable : Venezuela sigue bajo una férrea dictadura ( solo que sin Nicolas Maduro). Y una parte significativa del hemisferio, con sus acciones u omisiones, lleva una década siendo cómplice de su consolidación.
El cinismo es monumental. Observamos a países que, desde la tribuna de la “no intervención” o el “diálogo sin condiciones”, han construido un dique de contención contra cualquier medida regional efectiva para restaurar la democracia venezolana.
Este bloque, históricamente encabezado por regímenes del ALBA y con la complicidad pasiva o activa de gobiernos que se autoproclaman progresistas, ha logrado sistemáticamente convertir a la OEA en un teatro de la impotencia.
Obstaculizan resoluciones contundentes, diluyen mecanismos de presión y, en la práctica, ofrecen un salvavidas diplomático a Nicolás Maduro. Cada vez que priorizan la “estabilidad” del régimen sobre la libertad del pueblo, están validando la usurpación del poder.
Ayer discutían sobre la legalidad o no de la captura de Nicolas Maduro. Se les olvida entre otras cosas, que Maduro no era el presidente de Venezuela. Casi la totalidad del mundo no reconoció su “victoria” , digo , su fraude electoral notorio y palpable, y aunque lo fuera, El Derecho Penal Internacional, después de la segunda guerra mundial estableció la Responsabilidad Penal Internacional del individuo. Que existen una lista de delitos internacionales, entre los cuales están el narcotráfico, la trata de personas, los crímenes de lesa humanidad, el genocidio entre otros. Lista de delitos que pueden ser juzgados en cualquier país extranjero bajo el sistema de Justicia Universal.
Y esto significa que nadie, ni siquiera un jefe de estado está exento de responsabilidades penales internacionales cuando en su país es imposible que se haga justicia. Este principios personal de responsabilidad penal internacional se origina ante la necesidad de no dejar impunes los cruentos crímenes de las dos guerras mundiales y de regímenes asesinos como fueron los casos conocidos por los Tribunales de Tokio y Nüremberg, y los recientes Tribunales Ad Hoc para los casos de Yugoslavia y Ruanda.
Ah no! Pero estos cínicos delegados de países gobernados por izquierdosos, siempre bloquearon medidas fuertes para el régimen venezolano, pero comparecen muy dolidos con la captura del jefe del Cartel de Los Soles. Por favor!
Todo este drama, esta crisis humanitaria sin precedentes en la región y este desangre institucional, pudo haberse evitado con un simple acto de decencia democrática que pocos izquierdistas muestran.
La solución estaba, literalmente, en las urnas. En las elecciones del pasado año, el pueblo venezolano, con un valor desgarrador, otorgó una victoria clara e inapelable a la unidad opositora representada por Edmundo González Urrutia y liderada por María Corina Machado. Esto es un mandato popular incontestable hasta el día de hoy, y esperamos que muy pronto se les entregue el Poder como corresponde. Si Nicolás Maduro hubiera respetado ese veredicto, si hubiera reconocido su derrota y permitido una transición pacífica, hoy Venezuela estaría iniciando una reconstrucción nacional y la OEA no estaría celebrando otra reunión estéril y farragosa. Pero la dictadura, respaldada por quienes desde fuera le brindan coartadas, eligió el camino del fraude, la represión y la perpetuación en el poder por la fuerza. La responsabilidad histórica de la catástrofe actual recae enteramente sobre quienes se negaron a aceptar la voluntad popular.
Bueno y qué piensan estos diplomáticos, como el delegado de Uruguay? Proponiendo una broma de mal gusto ayer en el Consejo Permanente: Que la solución a la crisis venezolana son “ elecciones libres, dialogo político y un grupo de trabajo internacional” Estimado diplomático, eso ya ocurrió innumerables de veces, y no funcionó. Y Grupo de Trabajo para qué? No entienden que el régimen venezolano utilizó como papel higiénico las resoluciones de la OEA y se salió de ella porque no le asigna ningún valor? Pregunto , y porqué no hicieron nada contundente ante la masacre pública y televisada que hizo Daniel Ortega en el 2018 con sus paramilitares atacando a la población civil protestante? Porque solo comunicados y resoluciones pero ninguna pidió la salida de Ortega, solo diálogos y elecciones con el dictador? No me vengan ahora con cuentos de legalidad, de soberanía y de autodeterminación.
Cuando de lo que se trata es de salvar a los pueblos y no a los regímenes totalitarios prevalece la Soberanía Interna sobre la Soberanía Externa. Y porque se olvidan a propósito y no mencionan La Responsabilidad de Proteger (R2P) que es una norma internacional de la ONU que establece que los Estados tienen la obligación principal de proteger a sus poblaciones de genocidio, crímenes de guerra, limpieza étnica y crímenes de lesa humanidad, y si no lo hacen, la comunidad internacional ( lean bien claro) debe intervenir mediante medios diplomáticos, humanitarios o, como último recurso, coercitivos ( entiéndase militar), para proteger a esas poblaciones, superando el concepto tradicional de soberanía estatal.
Esto surgió tras la inacción de la humanidad ante las atrocidades de los 90 en Yugoslavia con 130 mil muertos y millones de desplazados, y Ruanda con el intento de extermino étnico con 1 millón de asesinados a machetazos en una semana. Y la diplomacia hablando de diálogos y no intervenciones. Qué cinismo e indolencia humana.
Este episodio final desnuda la verdadera naturaleza de la crisis institucional de la OEA y, en particular, de su Carta Democrática Interamericana (CDI).
El instrumento, aclamado en su momento, hoy se revela como un mecanismo con un vacío abismal en su corazón: carece por completo de un protocolo de ejecución vinculante para restituir la democracia cuando esta es aniquilada ( generalmente por la izquierda en los últimos 60 años) . Ya lo he dicho clara y contundentemente en mis escritos y lo repito, La CDI fue diseñada, en gran medida, como un artefacto diplomático para prevenir rupturas mediante el fomento de diálogos de élites, no como una herramienta quirúrgica para expulsar dictaduras consolidadas y restituir la democracia donde se ha perdido. Tiene procedimientos para suspender a un Estado, pero no una hoja de ruta para devolverle la soberanía a su pueblo.
Fue redactada pensando en salvar gobiernos en aprietos, no en liberar naciones encadenadas. Y eso lo saben muy bien los gobiernos de izquierda. LA OEA solo ha sido efectiva para restablecer en el poder al dictador Hugo Chavez en Venezuela y el Izquierdista Manuel Zelaya en Honduras. Quien no quiera ver que no vea. Han ido tanteando, tanteando, como cuando se prueba si un agua esta fría o caliente. Y asi vimos que Venezuela decidió abandonar formalmente la OEA en el 2019, decisión que fue imitada por el Dictador de Nicaragua en el 2021 cuando tampoco se le reconocieron sus elecciones fraudulentas. Y aun asi hay un grupo de países que los defienden en este Foro Regional.
Por ello, las resoluciones de la OEA, incluso cuando se logran aprobar tras hercúleos esfuerzos, se convierten en papel mojado. No hay un brazo ejecutor interamericano, no hay una fuerza multilateral de restauración democrática.
La implementación queda a merced de la voluntad política de los estados miembros, y ahí es donde el cinismo florece: los mismos que votan a favor de un texto en Washington, luego se niegan a aplicar sanciones coordinadas o a aislar realmente al régimen en foros multilaterales. Entonces de qué se quejan ahora? De que Intervención extranjera hablan? Y acaso no es intervención, la presencia militar de cubanos, rusos e iranies en Venezuela, y la entrega sin límites de los recursos naturales a China? Igual ocurre en Nicaragua. Qué lindo! Según estos “diplomáticos de marras” encabezados por la delegación de Colombia, hay que seguir tolerando que un Jefe de un Cartel de Drogas se apodere de un país, destruya las bases de la democracia y condene a su pueblo al séptimo infierno de Dantes. Maduro logró en Venezuela lo que Pablo Escobar no pudo en Colombia.
La lección para Nicaragua, Cuba y cualquier otro pueblo que aspire a ser libre es clara: No podemos esperar nuestra salvación de una OEA paralizada por sus contradicciones. Debemos actuar nosotros, debemos luchar nosotros y debemos sacar esta dictadura bicéfala para construir una democracia para todos en Nicaragua.
La Carta Democrática Interamericana tiene un vacío sustancial mientras no se determine un mecanismo claro que no solo resuelva sino que haga cumplir lo resuelto a los regímenes totalitarios. La CDI es, en esencia, una promesa incumplida. La verdadera fuerza para el cambio, como bien señalan las Fuerzas Unidas por la Libertad (FUL) y el Liderazgo Conjunto en Nicaragua, solo puede emanar de la unidad inquebrantable y la determinación organizada del pueblo soberano.
Mientras los gobiernos juegan a la diplomacia, las dictaduras consolidan su control. Es hora de que los demócratas de las Américas exijamos no solo nuevas resoluciones, sino una reforma profunda que cierre el vacío de la Carta Democrática Interamericana y establezca, de una vez por todas, que en este hemisferio la voluntad popular expresada en las urnas, no es una sugerencia para la izquierda o para la derecha, sino una ley que debe hacerse cumplir inevitablemente. Solo así pondremos fin a esta Pandemia de Dictaduras.