El dengue y el chikungunya son enfermedades virales transmitidas principalmente por mosquitos hembra infectados por el mosquito Aedes aegypti.

Ambos se reproducen cerca de las personas, utilizando pequeñas cantidades de agua limpia acumulada en recipientes, llantas, floreros, tanques y en la basura. No es imposible controlar el mosquito transmisor; lo difícil es mantener las medidas de prevención durante todo el año.

El dengue causa fiebre alta, dolores de cabeza, detrás de los ojos, musculares, articulares, y puede evolucionar a formas graves, con hemorragias, choque y daño de órganos.

El chikungunya provoca fiebre y dolores articulares intensos que pueden persistir durante meses o años. Por ello, es importante no tomar aspirina ni ibuprofeno, hidratarse y buscar atención médica.

¿En qué hemos fallado? Actuamos durante las epidemias, o sea, fumigamos cuando aumentan los casos, pero abandonamos las actividades cuando disminuyen.

El mosquito sigue reproduciéndose durante todo el año. Dependemos demasiado de la fumigación, a pesar de que el mosquito adulto se refugia en las viviendas, donde los insecticidas aplicados desde el exterior pueden no alcanzarlo. Además, fumigar no elimina los huevos ni los criaderos.

No priorizamos los criaderos más productivos de zancudos, dedicamos esfuerzos a muchos recipientes sin identificar cuáles generan la mayor cantidad de mosquitos.

Descuidamos el saneamiento ambiental, almacenamiento de agua por abastecimiento irregular, la basura, las llantas abandonadas y los drenajes deficientes que favorecen su reproducción.

No vigilamos la resistencia a los insecticidas, el uso repetido de productos sin evaluar su efectividad puede generar mosquitos resistentes.

La participación comunitaria es insuficiente, la prevención no puede ser responsabilidad exclusiva del Ministerio de Salud y éste debe promoverla permanentemente.

Deben involucrarse las familias, las escuelas, las empresas y los gobiernos municipales.

Existen experiencias exitosas demostradas por la ciencia que debemos aprovechar, como el ensayo Camino Verde, realizado en Nicaragua y México, que combinó visitas domiciliarias, brigadas vecinales y la eliminación de criaderos. Redujo en un 29,5% las infecciones recientes por dengue en niños y en un 51,7% las pupas por persona.

En 8 países se demostró que intervenir en los tipos de recipientes responsables de al menos el 55% de las pupas podía lograr resultados similares a los de tratar todos los recipientes, pero a menor costo.

En Indonesia, un ensayo publicado encontró que la liberación de mosquitos portadores de Wolbachia redujo en un 77,1% los casos de dengue y en un 86,2% las hospitalizaciones. Estos resultados demuestran que existen alternativas, aunque ninguna funciona automáticamente en todos los territorios.

¿Cómo lograr un control permanente? Son siete acciones.

Identificar los criaderos prioritarios y estudiar, por barrios y comunidades, qué recipientes generan más mosquitos.

Eliminar o cubrir los depósitos con agua limpia, retirar los recipientes innecesarios, limpiar las canaletas y mantener herméticamente tapados los tanques de agua.

Mejorar el agua y el saneamiento, garantizar el abastecimiento regular, la recolección de basura y los drenajes adecuados.

Organizar brigadas permanentes, capacitar a voluntarios, estudiantes y líderes comunitarios para realizar visitas domiciliarias y actividades semanales.

Utilizar racionalmente insecticidas y larvicidas, aplicarlos cuando estén indicados, comprobar la resistencia local y priorizar los métodos biológicos cuando sean apropiados, como la cría mosquitos Aedes aegypti portadores de Wolbachia que se liberan en las comunidades.

La bacteria pasa a las nuevas generaciones y dificulta que el mosquito transmita los virus del dengue, Zika y chikungunya, lo que reduce la transmisión de estas enfermedades. Establecer trampas y liberar mosquitos estériles, según la evidencia disponible y las condiciones locales.

Fortalecer la vigilancia, monitorear los casos, los serotipos del dengue y de la chikungunya, la densidad de mosquitos y los resultados de las intervenciones.

No debemos confundir el control con la erradicación. Es poco realista prometer que desaparecerán todos los mosquitos Aedes de nuestras ciudades, pero sí podemos reducir de manera sostenida su población y la transmisión de estas enfermedades.

El éxito no se mide por los litros de insecticida utilizados ni por el número de jornadas de fumigación, sino por la reducción de criaderos, mosquitos, infecciones, hospitalizaciones y muertes.

Necesitamos una política permanente de Estado, con presupuesto, responsabilidad municipal, participación ciudadana, ciencia y evaluación pública.

La pregunta no debe ser cuándo vamos a fumigar, sino qué estamos haciendo todos los días para impedir que el mosquito nazca y transmita enfermedades.

No hemos fracasado porque no sepamos cómo combatir el mosquito; hemos fracasado porque hemos tratado el dengue y el chikungunya como emergencias estacionales y no como problemas permanentes de salud pública, saneamiento, organización comunitaria y gestión ambiental.

⏺️Escrito por :Leonel Argüello Yrigoyen, médico epidemiólogo.

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