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Los responsables de la misión espacial OSIRIS-REx han dado a conocer que la sonda logró recoger 250 gramos de muestras del asteroide Bennu, lo que ha ayudado a revelar nuevos detalles sobre la conformación del cuerpo rocoso, según publican este jueves (07.07.2022) dos artículos de la revista Science.

Mientras se espera el regreso de la sonda de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) prevista para el año que viene, los científicos han estado investigando las propiedades físicas que se encuentran hasta diez centímetros por debajo de la superficie del asteroide.

El análisis de datos de la sonda indica que la superficie de (101955) Bennu -su nombre oficial- está formada por escombros de baja cohesión y el material subterráneo que posee es más oscuro y fino.

Más detalles sobre las características del asteroide

Uno de los estudios, encabezado por el Instituto de Investigación del Suroeste (EE. UU.), analizó las fuerzas experimentadas por la nave espacial, encontrando que la baja gravedad de Bennu ha dado lugar a un lecho superficial granular con débil cohesión entre las partículas.

Los investigadores recrearon las fuerzas ejercidas sobre la nave cuando accionó el mecanismo de recogida de muestras contra la superficie de Bennu, lo que proporcionó una prueba directa de las propiedades físicas cercanas a la superficie de los asteroides de escombros o fragmentos de roca en microgravedad, hasta ahora poco conocidas.

El equipo descubrió que el material cercano a la superficie está poco compactado y es menos denso que la media del conjunto del asteroide, con cohesión muy baja. La alta porosidad y la baja resistencia del material permiten que el polvo y otras partículas pequeñas se muevan hacia la subsuperficie del asteroide.

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Asimismo, los datos espectrales y térmicos recopilados durante la misión sugieren que estos resultados se aplican a todo el asteroide y no son exclusivos del sitio de muestreo.

Sorpresas durante la extracción de las muestras

El segundo trabajo, encabezado por la Universidad de Arizona (EE. UU.), presenta los datos espectrales y de imagen de la sonda recopilados durante y después de la recogida de una muestra de la superficie de Bennu.

“Nuestras expectativas sobre la superficie del asteroide estaban completamente equivocadas. No había un lugar obvio para recolectar una muestra en ninguna parte”, dijo el principal autor Dante Lauretta.

Al extraer las muestras, pedazos de rocas y polvo se desprendieron, excavando un cráter elíptico de 9 metros de largo: “Lo que vimos fue una enorme pared de escombros que salía del sitio de la muestra”, relató Lauretta. El material expuesto era más oscuro y más abundante en partículas finas que la superficie original.

¿Por qué se estudia a Bennu?

Las partículas que cayeron sobre la óptica del instrumento se asemejan espectralmente a los meteoritos carbonosos alterados por el agua, de acuerdo con los investigadores.

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La nave de la misión OSIRIS-REx llegó en 2018 hacia donde se encuentra Bennu. Luego de dos años de observación y exploración, la sonda tomó 250 gramos de muestras que se dirigen en este momento a la Tierra para poder ser analizadas en un laboratorio.

Aunque hay más de un millón de asteroides conocidos en el Sistema Solar, Bennu, un cuerpo rocoso de unos 500 metros de diámetro que podría impactar con la Tierra en poco más de 100 años, es el candidato ideal para un estudio debido a su tamaño, composición y su proximidad a la Tierra, según la NASA.

 

JU (efe, news.arizona.edu, science.org)

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