Estados Unidos ha desempeñado un papel fundamental en la configuración del orden internacional. Desde la doctrina Monroe, que permitió a las naciones de nuestra región prosperar sin injerencias externas a nuestro hemisferio, y nuestro papel decisivo en el establecimiento de las Naciones Unidas, hasta actuar como principal garante de seguridad en la Organización del Tratado del Atlántico Norte y como el donador humanitario más grande del mundo, el liderazgo de Estados Unidos ha sido incuestionable.

El liderazgo implica tomar decisiones difíciles y la capacidad de reconocer el momento en que las instituciones creadas para promover la paz, la prosperidad y la libertad se han convertido en obstáculos para esos objetivos. Lo que denominamos “sistema internacional” está ahora colmado de cientos de organizaciones internacionales turbias, que en muchos casos tienen mandatos superpuestos, actividades duplicadas, productos ineficaces y una gobernanza financiera y ética deficientes. Incluso aquellas que alguna vez desempeñaron funciones útiles se han convertido cada vez más en burocracias ineficientes, plataformas de activismo politizado o instrumentos contrarios a los intereses de nuestra nación.

Estas instituciones no solo no producen resultados, sino que además obstaculizan las actividades de quienes desean abordar esos problemas. Los tiempos en los que se emitían cheques en blanco a las burocracias internacionales han terminado.

Esta semana, conforme a las conclusiones de la orden ejecutiva 14199, el presidente Trump anunció nuestra retirada de 66 organizaciones internacionales identificadas durante la revisión en curso que lleva a cabo la Administración Trump de organizaciones internacionales dispendiosas, ineficaces y perjudiciales. El memorando presidencial se dirige a instituciones que son redundantes en su alcance, no están bien administradas, son innecesarias y dispendiosas, están gestionadas de manera deficiente y están condicionadas por los intereses de actores que promueven sus propias agendas contrarias a las nuestras, o que representan una amenaza a la soberanía, las libertades y la prosperidad general de nuestra nación.

Ya no es aceptable invertir el dinero ganado arduamente por los contribuyentes estadounidenses en instituciones que no pueden demostrar resultados, rendición de cuentas ni respeto por nuestros intereses nacionales. Sería una renuncia por parte del liderazgo mundial de Estados Unidos seguir financiando y promoviendo organizaciones que obstaculizan las soluciones a los problemas que enfrenta el mundo en la actualidad, como la energía asequible, el crecimiento económico y la soberanía nacional. La participación continua de Estados Unidos en ellas no hace más que legitimar su existencia y un modelo que ha fallado a miles de millones de personas en todo el mundo.

Desde el largo historial de infracciones éticas por parte del Fondo de Población de la ONU, incluida la financiación de abortos forzados; el fracaso de ONU Mujeres para definir incluso qué es una mujer; la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que malgasta millones de dólares en financiar inversiones antienergéticas que responden a posturas de alarmismo climático en Cisjordania y Gaza; hasta el Foro Permanente de la ONU sobre los Afrodescendientes, que apoya políticas abiertamente racistas a favor de reparaciones globales; estas organizaciones cuentan con un historial constante de disfunción o, incluso, malevolencia. El pueblo estadounidense, nuestros socios y las miles de millones de personas en todo el mundo que esperan que Estados Unidos demuestre su liderazgo merecen algo mejor. Nuestra participación continua en organizaciones que no reflejen nuestros valores ni sean favorables a nuestros intereses equivaldría a renunciar a nuestro deber nacional.

Las organizaciones de las que hemos decidido retirarnos han sido seleccionadas después de un extenso análisis de su propósito, actividades, eficiencia, eficacia, necesidad y, por sobre todo, su capacidad de ayudarnos a lograr los intereses nacionales de Estados Unidos. Aquellas de las que nos estamos retirando no son en absoluto las únicas infractoras. Nuestra revisión de la participación de Estados Unidos en las organizaciones internacionales sigue en curso.

Ello no significa que Estados Unidos esté dando la espalda al mundo. Sencillamente rechazamos un modelo anticuado de multilateralismo, que trata al contribuyente estadounidense como garante del mundo para una vasta arquitectura de gobernanza global.

La Administración Trump exige resultados reales a las instituciones que financiamos y en las que participamos, y estamos preparados para liderar una campaña de reforma. El presidente Trump ha sido claro, incluso a través del memorándum presidencial de esta semana, que no permitirá que las organizaciones internacionales menoscaben a Estados Unidos ni limiten nuestra soberanía nacional, nuestra independencia energética, nuestra prosperidad económica, nuestra democracia y nuestras libertades constitucionales. No permitirá que Estados Unidos siga financiando un modelo fallido que se niega a reformarse o que resulta imposible reformar.

El memorándum presidencial de esta semana demostró que Estados Unidos ya no acepta el statu quo fallido, que esta nación está preparada para liderar, como siempre lo ha hecho, y que a veces el verdadero liderazgo implica saber cuándo irse.

Marco Rubio prestó juramento como el 72.º Secretario de Estado de Estados Unidos el 21 de enero de 2025. El Secretario está creando un Departamento de Estado que coloca a Estados Unidos en primer lugar, “America First”.

Autor: Marco Rubio, secretario de Estado de Estados Unidos

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