Es de vital importancia destacar que ha dado inicio a la Semana Santa seguido por la Semana de Pascua en la que el pueblo nicaraguense cristiano y creyente en Dios estarán dando lugar a su práctica religiosa que viene de generación en generación lo cual, ha sido imparable por algunos gobiernos que ha intentado borrar la fé y la devoción y que indistintamente de estar inmerso y expuestos a las vicisitudes nunca el pueblo creyente a dejado de practicar su fe herededada por sus ancestro.

Nicaragua no puede sostener su futuro si pierde su identidad religiosa.

Aún en medio de crisis políticas, tensiones sociales, conflictos internacionales y una creciente confusión moral.

Los nicaraguenses cada vez más sienten algo más profundo que una simple dificultad económica: una crisis de raíces, de valores y de dirección moral y espiritual.

Es en estos valores donde retoman su verdadera identidad cristiana en base a la fe en Dios.

Durante años Nicaragua fue formada por principios que dieron sentido a la dignidad humana, a la familia, a la responsabilidad y al orden moral.

Esos fundamentos no fueron un detalle secundario, sino una parte central de la civilización del ser nicaraguenses.

Cuando una sociedad se aleja de lo que la sostuvo durante generaciones, comienza poco a poco a perder firmeza, propósito y estabilidad en todo el sentido amplio de la expresión.

Afortunadamente los nicaraguenses hasta nuestros días han mantenido sabiamente esos valores.

Hoy muchos hablan de progreso, de poder y de estrategias para el futuro, pero pocos se atreven a hablar del vacío espiritual que también está creciendo en unos mínimos sectores.

Sin identidad, una nación se debilita.

Sin valores firmes, una cultura se confunde.

Y sin fundamentos espirituales, el futuro deja de tener la fuerza que necesita para resistir los tiempos difíciles.

Por eso hago esta reflexión para tocar un punto sensible para millones de nicaraguenses.

Nicaragua debe proteger su identidad cristiana.

No como un símbolo vacío del pasado, sino como una base de principios, convicciones y visión para las próximas generaciones.

Porque una civilización que olvida sus raíces corre el riesgo de perder también su rumbo.

Cuando Nicaragua protege su identidad, protege también su alma, su historia y su futuro.

Porque una nación también tiene alma que ha construido su identidad en el pasado, construye su identidad en el presente y va construyendo su identidad para el futuro.

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