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La cadena de intereses que necesitan articularse para que se produzca un golpe de estado en Nicaragua, dadas las condiciones actuales y previsibles, pasa por una extrema vulnerabilidad, ante el Ejército, del aparato “político” del régimen, encabezado por los Ortega-Murillo. En contraste con la Guardia Nacional en tiempos de Somoza, que era y funcionaba como pretoriana de una familia, el Ejército de Nicaragua actual tiene vida e intereses propios. Provienen y coinciden con los de Ortega, pero también han desarrollado su propia institucionalidad.

Esto no quiere decir que tal institucionalidad sea gobernada por la Constitución, ni que el Ejército no esté, por el momento, del lado de Ortega. Pero el alineamiento de intereses políticos y económicos con este no es perfecto. El Ejército enfrenta riesgos asociados al destino del dictador, pero también tiene fuentes de apoyo fuera del régimen.

En otras palabras, la muerte o caída de Ortega no necesariamente representan la muerte del Ejército, como ocurrió tras el colapso de Somoza. Sin embargo, la Historia enseña que si los poderes fácticos no consiguen un arreglo que sea potable a la población, el riesgo de violencia armada tiende a aumentar de manera exponencial. Quienes descartan este riesgo porque “no hay armas, no hay dinero” deberían buscar en los anales del mundo los registros de todos los planes de negocios, proyecciones de flujo de caja y solicitudes de financiamiento que a través de los milenios las partes han preparado antes de entrar a una guerra civil.

No los encontrarán. Aunque la guerra requiere de recursos, ya Maquiavelo lo advirtió: “el oro no es el nervio de la guerra.” De esto hay conciencia en el Poder, por supuesto; la ingenuidad vive más cómoda fuera de él. Por tanto, es previsible que la oligarquía y la cúpula militar pongan atención al impacto de los acontecimientos sobre la estabilidad del régimen, y mantengan abiertas cuantas opciones de supervivencia y ganancia crean tener. En cualquier caso, de ser necesaria una ruptura con Ortega-Murillo, estos no podrían oponer resistencia militar o paramilitar significativa al Ejército.

Otra vulnerabilidad crucial en la cadena de intereses es la del Ejército ante el gobierno de Estados Unidos. Ya hemos visto que el Ejército actual no es el de Somoza. Tampoco es el Ejército Popular Sandinista de los ochenta, altamente ideologizado y sostenido, en el contexto de la Guerra Fría, por una Unión Soviética poderosa. El Ejército actual ha sido parte de la órbita militar estadounidense. Sus millonarias finanzas están expuestas en los mercados internacionales; no podría ser de otra manera cuando han tratado de buscar (¿no es irónico?) seguridad para sus activos. Al estar en mercados internacionales quedan al alcance del poder estadounidense.  El Ejército de Nicaragua tiene mucho que perder en un conflicto abierto con este último.

Una tercera vulnerabilidad es del Ejército a la inteligencia del régimen, que según se reporta tiene la asistencia permanente y eficaz del espionaje cubano. Probablemente esto implique que un golpe de Estado “desde abajo” en el Ejército de Nicaragua sea más difícil aún de lo que la rigidez de la estructura de mando militar implica en condiciones normales.  A su vez, esto sugiere que el camino más seguro para estructurar una operación golpista dentro del Ejército precisaría la inclusión de la cúpula militar. Y este involucramiento precisará ser resultado del cálculo racional de beneficios y riesgos del alto mando, de un ultimátum del gobierno de Estados Unidos, y de una negociación en la que, para conveniencia de ambos, la cúpula vería sus intereses protegidos, y organizaría prontamente el relevo de mando dentro de la institución a figuras menos impopulares que las actuales.

Este es, en esbozo, el rayado del terreno. Es un juego, por supuesto, complejo, que ninguno de los participantes querría, idealmente, jugar. Pero es una salida fáctica realista para poderes fácticos en situación de crisis extrema. Desde la perspectiva del momento actual el perfil de esta posible salida del nudo potencialmente explosivo creado por El Carmen se ve en la distancia por encima de otras opciones posibles, y hasta más deseables para casi todos los grupos involucrados en el conflicto.

Francisco Larios /
El autor es Doctor en Economía, escritor, y editor de revistaabril.org.

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